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miércoles, febrero 01, 2012

Haruki Murakami: "En Japón si no formas parte de un grupo o empresa eres un descastado"

En una conferencia de prensa en Barcelona para conmemorar el 40 aniversario de la editorial Tusquets,  y adelantado el título de su última novela, “1Q84”, especie de homenaje a George Orwell pero mirando hacia el pasado, el escritor japonés Haruki Murakami habló sobre la sociedad y la forma de vincularse en su país: “Cuando vivo fuera de mi país es más fácil ser un individuo, pero en Japón si no formas parte de un grupo o empresa eres un descastado, la sociedad no te permite ser un individuo independiente” dijo el prolífico escritor.
Para Occidente, la palabra sociedad implica un agregado de individuos, de socios. Pero al ser individuo, el hombre no puede sentir –aunque sí puede intuir– el dolor de la otra persona, y al comprenderlo se necesitan el uno al otro. Sin embargo, asegura el catedrático Takayoshi  Makino en un artículo de la Reviste Criterio de mayo de 2011, "en la sociedad tradicional japonesa existía el concepto de seken”. Etimológicamente la palabra seken hace referencia al espacio que existe entre los individuos, es decir, tiene que ver con el concepto de “relacionamiento”. Lo que prevalece en la sociedad japonesa no es el individuo sino la relación que se crea entre los individuos". Es por esto que, en la cultura japonesa,  cuando alguien se relaciona con otra persona, su carácter como individuo es ambiguo,  en uno se disuelve el yo y el otro, y "la mirada del otro" admite ser incluida. 
En la actualidad, para la sociedad japonesa ser un "descastado" como decìa Haruki Murakami, es ser un freeter o furtias (transcripción según la fonética japonesa). "Freeters" son los jóvenes con o sin estudio entre los 18 y 35 años que no poseen trabajos de jornada completa o de relación de dependencia.  

La desacralización de lo real

El 25 de noviembre de 1970, el escritor japonés Yukio Mishima arengó a un grupo de militares desde el balcón del Cuartel de Ichigaya, en Tokio. Protestaba contra la constitución impuesta por Estados Unidos en el Japón de la post-guerra, llamaba a sus compatriotas a recuperar la importancia de la figura del Emperador y a rescatar las tradiciones de su país. Fue poco escuchado, casi ignorado. Luego de tres vivas al Emperador, lleno de dolor, se suicidó. 

Una de las consecuencias de la derrota durante la II Guerra Mundia fue la renuncia del emperador de su carácter divino. En un país regido por el shintoísmo,  prácticas relacionadas al culto a los antepasados y al animismo vinculado a la naturaleza. No tiene fundador, ni doctrinas; sin mandamientos ni preceptos, carece de organización y de ídolos. Por esta razòn, la pérdida de la figura del Emperador debe haber sido como un segundo "Ground Zero" para la historia de Japón, luego de la caida de las dos bombas atómicas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki.

martes, enero 31, 2012

El poder del honor: el individualismo en la época de los samurai

Durante 2010, visitó la Argentina, La Dra. Eiko Ikegami, profesora y decana de la Facultad de Sociología del New School for Social Research (Nueva York, EE.UU), para brindar la conferencia “La domesticación del Samurai: individualismo honorífico y racionalización social en el Japón moderno” donde profundizó en el estudio de la cultura del honor samurai, destacando las dos facetas del honor del samurai del período Tokugawa: “corporativista” e individualidad, según la autora, comprender cómo se conjugan ambas es entender cómo es el paso de Japón hacia la modernidad.

La socióloga analizó la evolución de la élite samurai, el desarrollo sociocultural de la clase que dominó Japón durante más de siete siglos hasta finales del período Tokugawa (1867) cuidándose de no dejarse llevar por la imagen heroica explotada por fines políticos por los nacionalistas militantes de antes de la guerra, ni la contrapartida de los académicos japoneses liberales y de izquierda de después de la guerra que prefirieron resaltar una imagen comparativamente una imagen más serena del samurai.
Según la autora, ni la sociedad coreana ni la china tuvieron tan extenso período de dominación por parte de una clase guerrera. Al contrario del caso japonés con su casta guerrera y hereditaria, China se destacó por un sistema de burocracia, eficiente, en la cual, por más de mil años, los mandarines mantuvieron un sistema basado en funcionarios públicos altamente capacitados, sometido a un arduo proceso de selección por medio de exámenes competitivos. El yang ban coreano es un caso similar al anterior, pero al que se le suma el componente hereditario. Así, mientras en China y Corea dominaba una élite de tipo “intelectual”, en Japón la clase del samurai estaba separada de la aristocracia, y esto se ve inclusive reflejado en los distintos tipos de literatura que generaron: la épica guerrera de un Heike monogatari frente a una novela cortesana como Genji monogatari.
Antes del período medieval, afirma la antropóloga, al samurai se lo llamaban “carnicero”, ya que la japonesa era una cultura agrícola dónde se consideraba a la sangre contaminante; inclusive en la sociedad Heian era un desprestigio tratar con guerreros porque tocaban sangre. “En Japón la cultura de la caza no era algo central sino una actividad periférica; los campesinos lo veían como algo peligroso. Así, los samurais para convertirse en clase dominante debieron forjarse un prestigio propio y una cultura respetable, para aspirar a una posición en la sociedad, y eso se logró mediante la cultura del honor. A partir de entonces ya no sería un “matar por matar”, sino un matar a causa del honor, respondiendo a un código de honor preestablecido”. Y en esto consiste la primera gran transformación de samurai, y esta transformación de la imagen cultural del samurai y el tema del honor como elemento identitario, posibilitando la obtención de un papel más central y dominante en la política japonesa. “La identidad samurai resultante, como casta guerrera, y sus intrínsecos valores de violencia honorable, daban lugar a un contraste acentuado frente a la cultura aristocrática (…) una cultura del honor ferozmente competitiva, militarista y ególatra”, aseguró la autora.

El estudio de Ikegami analiza a partir de todo tipo de documentos de la época, las raíces del legado samurai desde sus comienzos como guerreros semi autónomos e itinerantes, hasta su evolución en militares profesionales asentados que ocuparon tierras agrícolas y, finalmente, su “amansamiento” y burocratización en la era Tokugawa.

La autora señala que es justamente esta tercera fase, “la burocracia vasalla”, momento en que se presentan una serie de contradicciones culturales que resultaban confusas no sólo para el samurai como individuo, sino también para las autoridades del shogun. “El samurai del período Tokugawa heredaba una versión altamente militarizada de la cultura samurai, si bien su vida diaria moderna había cambiado considerablemente. El nuevo orden emergente conformado por el Estado Tokugawa (cultura piramidal, cada samurai depende del señor inmediatamente superior) creó un área social e institucional que apreciaba los valores del orden, la organización y la conformidad. Así pues, la cultura samurai del honor fue “redirigida” de forma apreciable, pero preservando aún sus rasgos esenciales ya que era la expresión simbólica de la supremacía del estatus de la clase guerrera”. Se dice que en Japón no existe una forma clara de individualismo como existe en Occidente, pero la investigadora encuentra en el “individualismo honorífico” de la clase samurai, un concepto que si bien esta alejado del concepto occidental moderno de individualismo, es la fuente que permitió los grandes y rápidos cambios que se sucedieron a partir de la restauración Meiji. Como define la autora, “El individualismo honorífico esta basado en un sentido de seguridad en uno mismo relacionado con el impulso de los señores feudales de defender sus posesiones y reputación”.

EL IMPERIALISMO JAPONÉS (1890-1914)


Expansión Japonesa hasta la II Guerra Mundial
a) 1853 y 1871 Japón no tiene más remedio que realizar concesiones ante las potencias europeas. Desde 1868 trata de proteger a los ciudadanos extranjeros y trata de reducir la presión exterior sobre el país.b) 1871-1894 Japón tiene dos objetivos en su política exterior: asegurar laposición internacional y alcanzar la revisión de los tratados desiguales. En 1876 ya había firmado un tratado comercial con China, controlando las islas Bonin, conquistado las islas Ryu-Kyu y las Kuriles (arrebatadas a Rusia) y firmado un tratado de comercio con Corea, que será la base para su posterior independencia de China. En 1894 firma con Gran Bretaña un acuerdo que pone fin a la extraterritorialidad de Japón para 1899, y las demás potencias le siguieron. No tuvo autonomía arancelaria hasta 1911, pero al menos había suprimido la parte más molesta de los tratados desiguales.
Su política expansionista lleva a la tensión con China y Rusia, y al acercamiento de Gran Bretaña que ve en Japón un freno al avance ruso en Asia.
c) 1894-1914 Japón se enfrenta a China en la Guerra chino-japonesa (1894-95) por la obtención de Corea. La victoria nipona supone obtener el Protectorado de Corea, Formosa (Taiwán), isla de Pescadores, la península de Liaotung (Port Arthur), una indemnización y un tratado comercial favorable. En seguida Rusia, con sus aliadas Francia y Alemania, protestó y presionaron a Japón para que devolviera a China la península de Liaotung (que luego se quedaría Rusia). La impotencia de Japón hizo que aceptara. Esto llevó a la Guerra ruso-japonesa (1904-1905), con la que finalmente obtiene la península de Liadong, parte de Sanjalín y derechos e intereses en Manchuria (ferrocarril). Con esta guerra Japón se erige como potencia en Extremo Oriente. Así, en 1905 establece un protectorado en Corea hasta que en 1910 la anexiona totalmente. Acordó con Rusia el reparto de Manchuria, quedando el norte y oeste para Rusia, y el resto para los nipones.En 1912 muere Mutsu-hito poniendo fin a esta fase, en la que se consolida el desarrollo económico y político de Japón y se erige como potencia dominante en Asia.



domingo, enero 22, 2012

Barthes y el sujeto ausente japonés

 Barthes subraya la pertinencia de su intención al acercarse así a lo japonés en cuanto que en Japón el signo gobierna en cierto sentido toda manifestación vital. En la cultura japonesa el sujeto no existe, en parte como reflejo de la filosofía zen, y son las circunstancias que lo rodean y envuelven las que nos acercan a él, representándolo. Pero al mismo tiempo, y de manera paradójica pero plena de lógica, el signo es una envoltura vacía. El significante huye del significado, rompiendo el vínculo que debería unirlos, para no ser más que signo, imagen, representación. ¿De qué? Del vacío. La nada es el interior y el símbolo es sólo un exterior cambiante que nada quiere expresar. Desde esta peculiar óptica, Barthes se adentra en distintos aspectos de la cultura japonesa, a través de los cuales desarrolla la idea de significante vacío.
Así mismo, Barthes explora la ciudad japonesa y nos describe Tokio, una ciudad cuyas calles carecen de nombre y cuyo centro está vacío. Mientras que en Occidente el centro de las ciudades está ocupado por el poder religioso, político y administrativo, representados todos ellos por catedrales, ministerios y palacios, el centro de Tokio lo llena el palacio imperial, ocupado por un ser tradicionalmente divinizado e invisible. Es decir, el centro no cuenta para la vida ciudadana que en su día a día esquiva ese vacío que, sin embargo, se asume con naturalidad. Y en el centro de esa nada, se encuentra una idea, la de la divinidad imperial, ya vacía de significado también.

La desobedicencia original

La religión japonesa, el shintoísmo, es una práctica  que no conoce un dios personal; es más bien una religión animista. Esta cosmovisión contiene tanto el mundo observado, o físico, como el no observado, o espiritual. No hay ninguna distinción marcada entre las dos realidades; lo que ocurre en una afecta a la otra. El mundo visible o físico consiste en lo que podemos ver, sentir y experimentar. Incluye las fuerzas de la naturaleza y los seres físicos. En el mundo visible, la tierra juega un papel destacado porque es considerada como una entidad viva, y suele ser adorada como la Madre Tierra. Se considera que la naturaleza está viva. Los montes, las cuevas, las montañas y los lagos suelen ser venerados como lugares sagrados. Los animales pueden ser encarnaciones de espíritus. Muchos son adorados como sagrados, como la vaca y el mono en India. Las plantas también contienen espíritus, y algunas son adoradas. Los bosques son considerados como lugares donde moran los espíritus. Pero, a diferencia del catolicismo y otras religiones monoteístas, el shintísmo no conoce un Dios personal.

Según uno de los diálogos de Platón, el hombre en su origen tenía forma esférica: un cuerpo que encerraba tres sexos y dos pares de piernas y brazos. Sin embargo, luego de desobedecer a los dioses, como castigo es dividido a la mitad y condenado a buscar su otra parte por el resto de sus días. Pero los dioses le advierten que, una desobediencia más a los dioses, otro olvido del hombre hacia los dioses y recibirán un nuevo castigo:

"Y existe el peligro que, si los dioses no son respetados, seamos de nuevo divididos por la mitad y tendremos que caminar como las figuras esculpidas en bajorelieve sobre los pilares, divididos en dos a lo largo de la nariz como los dados. "

Esta advertencia de Zeus me trae a colación las palabras de Jean Baudrillard en El Crimen Perfecto: “Lo que puede ocurrir, en cambio, es que no sean ya los cuerpos los que proyectan su sombra, sino las sombras las que proyecten su cuerpo, los cuales sólo serían la sombra de una sombra” Tal vez, como consecuencia del olvido de Dios, los hombres estemos condenados a olvidarnos de nosotros mismos, dividiéndonos en falsas imágenes de nosotros mismos.